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Existen bandas que aparecen por accidente, que no son esperadas y tampoco percibidas. Reikiavik emerge por primera vez en mi universo a partir de un comentario en una entrada del blog de mi querida PunkiPosh. Con este punto de partida, observo que el tsunami que levantó Oasis en los lejanos tiempos de Definetely Maybe aún no ha remitido, a juzgar por los cinco temas con los que nos obsequia en su demo. Y el caso es que se agradecen estos latidos en tiempos en los que uno se pregunta qué pasará con el rock.

Y con ellos redescubrimos que el rock no es sólo música: es asfalto, es un ajuste privado de cuentas, es calor que sale de las alcantarillas. Cristal recupera la quintaesencia del brit-pop. La potencia del riff obliga a seguir el ritmo con el pie y huele a suburbio, a glam de todo a cien. Un rito iniciático que levanta curiosidad por saber qué hay más allá.

La demo avanza con Partículas de mí, que pone el acento en la batalla por mantener la frente en alto; el conflicto siempre es contra uno mismo y el torbellino de guitarra se retroalimenta de la misma manera que lo haría el rock mancuniano de o .

En mi opinión, Luna es el mejor tema de la demo. El más brit, el que más sorprende a los que crecimos escuchando música en inglés. Luna aparece majestuosa tras las brumas que dejan tras de sí los dos primeros temas y tiene aroma a venganza. Primavera del 90 combina una seductora melodía con una retumbante pared de guitarra que desemboca en Satélites, un medio tiempo que, a juicio del que escribe, es prescindible.

La producción de la demo está ejecutada por los mismos Reikiavik, un ejemplo del do it yourself realizado con cariño. La voz ocupa el lugar central y las líneas de bajo están bien conseguidas, mientras que las paredes de sonido de las guitarras dejan respirar. Estaremos a la espera de la evolución de esta banda, que –no sé por qué- me da que debe de tener un directo de músculo y sudor.